Sloth City: la ciudad ingobernable

Gritos de euforia resuenan por los pasillos, brotan las primeras lágrimas o besos, los abrazos de conocidos y de desconocidos te impiden el paso. Manos, muchas manos que se estiran para tocarte, otras te tienden un móvil solicitando un selfie. Alcanzas tu despacho y cierras. Necesitas respirar. A través de la doble hoja de madera se cuelan las voces amortiguadas del patio de la sede general del partido. Ha sido un año intenso y aunque los pronósticos eran desfavorable has conseguido darle la vuelta a los resultados. Un segundo más. Te fijas en un cartel de campaña. En él aparece una foto tuya, apenas te reconoces. Un rótulo con tu nombre, Lance Cumson, atraviesa la imagen. Lance Cumson. Lance. El pequeño Lan. Cuando salistes del barrio de los Ángeles, en tu Almería natal, nadie daba un céntimo por tí y ahora eres alcalde de Sloth City, la ciudad ingobernable. Respiras. Un golpe de puerta te sacude de tus ensoñaciones. La figura de Christopher aparece en el quicio, lleva dos móviles en las manos.

Así comienza Sloth City. Si quieres saber cómo se implenta en clase, sigue leyendo

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